.Codex Vitae II.

via lactea

          Hace 7 años escribí un post sobre el Camino de Santiago. Decía en él que era una “camino de luz, de sentimientos, de humanidad, de religión, vereda de encuentro entre personas que buscan hablar con su alma o con sus semejantes”, que “era una ruta que poseía una luz propia inalterable por la codicia humana”, que “era un camino no sólo cristiano, sino humano, ruta de búsqueda interior que atusa nuestros íntimos pensamientos de fraternidad y amor al prójimo”.

          Ese era, entonces, el sentido que siempre había tenido el peregrinaje religiosos o profano en esta milenaria ruta que desde el año 1126 han recorrido con mejor o peor suerte millones de personas de todo el planeta. Los tiempos cambian, vertiginosamente.

         

santiago          En toda ruta siempre florecen negocios de muy diversa índole que proporcionan recursos a los viajeros y un medio de subsistencia a los comerciantes de los puntos de tránsito. Un amigo de mi hermano ha recorrido el camino en cuatro ocasiones y es una buena referencia de la “evolución” de los peregrinos que se ha encontrado a lo largo de todos estos años. Me comentaba que el principal camino, el Camino Francés, en los meses punta más parece una manifestación que una peregrinación: chicos, chicas, grupos de amigos cerveceros, familias con perros, bicicletas, caballos pijos, Goretex por doquier, gps por si las moscas, repelentes para las moscas, mp3 y receptores TDT para no perderse el último programa de cotilleo, radios amenizando el recorrido con canciones del rapero de turno, más tiendas de “souvenirs made in China” que iglesias o conventos en cada pueblo, hotelitos “rurales” con jacuzzi e Internet, recuerdos  hechos por manos infantiles, surtido impresionante de todo tipo de “delicatessen” culinarias para dar gusto a la panza (llegó a ver en la estantería de una pequeña tienda de Rabanal del Camino el agua mineral “Extreme H20”, una de las más caras del mundo), ruta ya comercial repleta de reliquias suficientes para reconstruir el cuerpo del santo de turno varias veces; incluso en la Catedral de Santiago cualquier grupo de más de seis personas que aporten un “donativo” de 240 € se aseguran el vuelo del botafumeiro sin esperar a las horas previstas y además se incluye la reserva de los primeros bancos de la catedral y el canto del himno. El camino, me decía, se ha convertido en un camino de “agencia de viajes”. No todos los peregrinos son los así descritos, pero cada vez sí son mayoría.

          Muchos ilustres caminantes han recomendado siempre hacer el camino solo, la mejor forma de comunión consigo mismo, de mirarse al espejo interior que muchas veces nos proporciona conclusiones distorsionadas de nuestro proceder para con los demás; aunque yo preferiría hacerlo en compañía con otros, pocos, y hablar de la vida, de uno mismo y del otro y pensar, pensar en silencio, pausadamente, y no pensar en nada, simplemente contemplar el camino, discurrir por la ruta dejándose llevar.

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          Sobre el recorrido principal de las antiguas calzadas romanas en unos casos y rutas naturales en  otros, se pueden describir 10 diferentes caminos y 6 diferentes vías con término en Santiago de Compostela. Y si bien no está nada clara la existencia histórica de Santiago Apóstol en territorio español, sí es un buen argumento para intentar al menos tener un faro que guíe un camino milenario de encuentro de gentes diversas. Más cuando el camino no acababa en Santiago, en la tumba del apóstol, sino en el mar, el “Finis Terrae” dónde se creía que acababa el mundo. Y como todo se globaliza (¡qué palabra tan mal utilizada!), hasta el significado de peregrino se ha mal universalizado. Antiguamente los “peregrinos” eran los que iban a Santiago, como “palmeros” los que iban a Jerusalén o “romeros” los que iban a Roma. Incluso, sin quitarle su extraordinaria importancia, la peregrinación a Santiago es relativamente moderna. Las primeras peregrinaciones de carácter religioso son orientales: Benarés, Ayodhya, Mathura en India, Teotihuacán, Chichén Itzá, Izamal en América y las posteriores a La Meca y a Jerusalén, los “caminos de agua” en Japón y decenas de pequeñas manifestaciones de comunión religiosa.

          Lo triste es ver cómo este camino de luz espiritual, la vía láctea estelar que ilumina el verano de nuestro hemisferio, ese reguero de leche derramada por Juno, se ha convertido en un negocio muy rentable para muchos. No estoy en contra del turismo de aventura, del turismo deportivo, del turismo por el turismo pero es triste prostituir un camino, una ruta que ha servido a muchas personas durante cientos de años para encontrar su lugar en el mundo, para cambiar a mejor, para, simplemente, hacer el camino salvando todas las dificultades, todas las incomodidades que a día de hoy ya casi no existen y pasar unos días de cachondeo. Tampoco digo que haya que ir levitando en oraciones y pensamientos profundos. Es ruta única, llena de misterios y símbolos acumulados durante siglos y deseosos de ser descubiertos por mentes inquietas, una ruta de introspección para unos, de búsqueda del sentido de nuestra existencia, del perseguido descanso del alma para otros. La inmensa riqueza humanística, religiosa, cultural y artística que hasta hace poco era inherente al Camino de Santiago se verá convertida (tiempo al tiempo) en una larga avenida comercial al aire libre. El “Ano Santo Xacobeo” es, definitivamente, el peor año para hace el camino.

          En el Camino de Santiago no se encuentra la felicidad porque ésta no existe en su plenitud; lo verdaderamente importante es buscarla, buscarla siempre, continuamente y dirigirse hacia ella y si es acompañado mejor que mejor.

          Repito, para terminar, la hermosa despedida entre peregrinos extraída de una web de cuyo nombre no he podido acordarme:

pellegrini

"Que la tierra se vaya haciendo camino ante tus pasos,
que el viento sople siempre a tu espalda,
que el sol brille cálido en tu cara,
que la lluvia caiga suave sobre tus campos.
Y hasta que volvamos a vernos,
que Dios te guarde en sus manos."

 

 

y yo, con permiso, añado éstas palabras:

santiago

 

"Que tu mirada cruce la mía,
que mi palabra sea contestada,
que tu mano sea estrechada,
que mi hombro sea tu bordón.
Y hasta que volvamos a vernos,
que la vida te vaya bien
y te brote sin remedio."

 

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