.León, el africano.
Cuando uno disfruta de unas merecidas vacaciones y no ha tenido oportunidad de viajar más allá de las fronteras de su hermoso país, tiene como opción adicional leer cualquiera de los magníficos libros sobre literatura de viajes.
Tenía una deuda (de tantas) con el Amin Maalouf, extraordinario escritor libanés del cual leí en su día “Las cruzadas vistas por los árabes”. Intento equilibrar la balanza del saber y, cuando hay oportunidad, leer e informarme del punto de vista de la “otra parte”. Sabemos mucho, por la cultura occidental que nos inculcan en la enseñanza, sobre el papel de la civilización occidental en las Cruzadas cristianas, germen de muchos males que nos acechan aún hoy en día. Pero conozco a pocos que intenten al menos conocer los relatos del “bando contrario” creyendo estar en posesión de una verdad cuando menos discutible, es lo justo.
De este escritor he comenzado a leer (con bastante retraso) “León, el Africano”, magnífica historia documentada de Hasan ibn Muhammad al-Zayyati al Fassi, un incansable viajero nacido en Granada durante el final del periodo nazarí (1.487), emigrado a la fuerza por la conquista y posterior expulsión por parte de los Reyes Católicos (que sí eran reyes pero no tan tolerantes como era Jesús de Nazareth). Un hombre de una personalidad y una inteligencia tan fuera de lo común que el propio Papa León X se convirtió en su protector. Viajero infatigable, narrador meticuloso de todo aquello que veía, oía y sentía en sus andanzas por todo el norte de África y parte de oriente medio.
Cuando la espléndida narración de un escritor como Maalouf se une a las lejanas descripciones de paisajes, culturas, costumbres y sugerentes aventuras de un viajero del siglo XVI, la lectura se convierte en un auténtico placer y la sensación de estar en el lugar, en la época descrita, en los paisajes ya desaparecidos es muy poderosa e intensa. Es una máquina del tiempo llena de belleza y de cruda realidad, de comentarios de antepasados nuestros sobre lo que deberíamos tomar ejemplo en unos casos y rectificar errores en otros.![]()
Recomiendo la literatura de viajes si uno no puede viajar. Siempre se ha dicho que la mejor medicina contra la intolerancia y la falta de empatía es viajar, pero no a lugares y entornos copiados de nuestro alrededor, cómodos espacios dónde nuestros culos se encuentran cómodos y nuestros cerebros espesos de contenidos vitales, sino al verdadero espectáculo de otros paisajes, al verdadero corazón de las personas que habitan nuestro planeta.
Maalouf describe con maestría esa sensación de auténtica libertad y de genuina comunión con nuestros semejantes refiriéndose a León el Africano cuando dice:
“A mí, Hasan, hijo de Mohammad el alamín, a mí, Juan León de Médici, circuncidado por la mano de un barbero y bautizado por la mano de un Papa, me llaman hoy El Africano, pero ni de África, ni de Europa, ni de Arabia soy. Me llaman también El Granadino, el Fesí, el Zayyati, pero no procedo de ningún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu”.
“Caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía.”
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