.Ritmos.

          Estamos hechos de materia, de polvo de estrellas como bien dijo Carl Sagan. De materia controlada por leyes físicas y regida por ritmos diferentes. Los ritmos de la vida son variados y perturbarlos supone un pequeño caos en nuestro sistema vital. Estos ritmos nos ordenan la existencia de una forma transparente para nosotros pero influyen muy poderosamente en nuestro quehacer diario. Muchos, quizá casi todos, no demos la importancia que tienen, pero están presentes en nuestras vidas y condicionan nuestras acciones. Desde los ritmos cósmicos (movimientos planetarios, estaciones, ciclos atmosféricos, eras geológicas, mareas) hasta los ritmos inherentes a la vida (sexuales, crecimiento, metabólicos, hormonales, enfermedad) pasando por los ritmos esencialmente humanos (población, música, baile, comunicación, culto, trabajo). Todos están  coordinados para el correcto desarrollo de nuestra trayectoria vital.

 

          Pero a veces algunas personas, sin quererlo, se ven inmersas en ritmos diferentes. Imagen1 Eso mismo le debió ocurrir a Agapito Pazos, un gallego que convivió durante 80 años entre las mismas paredes, las mismas ventanas y observó el discurrir de la vida a través de la ventana de su habitación y, quizá, supo que estaba vivo porque nunca en su vida observó una nube igual a otra. A él le tocó un ritmo pausado, controlado por la naturaleza que siempre nos rodea e intenta, consiguiéndolo, modificar nuestras vidas. Su vida no estaba llena de grandes emociones, de intensos viajes, de sonados éxitos, pero era su vida al fin, compartida con médicos, enfermeros y enfermos, no tenía familia, pero no estaba solo.

 

          En otras ocasiones, terribles, la naturaleza yerra e impone hayley_okines_5-3224953 ritmos injustos… Siempre olvidamos que en la naturaleza no existe lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo bello y lo horrible, sólo son apreciaciones de nuestra especie. Eso le ocurre, entre otras personas, a Hayley Okines. Padece la terrible progeria o Síndrome de Werner, tiene 12 años pero su cuerpo ya presenta todas las degeneraciones físicas de una persona de 90 años. Su ritmo, desgraciadamente, se aceleró a los 13 meses por una mutación de un gen que daña la integridad del tejido conectivo.

 

          Agapito padecía un discapacidad psíquica y un trastorno funcional físico que le impidió desarrollar sus capacidades en sociedad, pero pasó 80 años viviendo y ayudando en la medida de sus posibilidades, no fue una vida perdida. A Hayley le quedan, con suerte, 4 ó 5 años de vida, es una niña.

 

          Es triste que muchas personas no valoren ese preciado tesoro que nos ofrece la naturaleza al nacer: tiempo.

 

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