.Los numerati.
Dentro de mis futuras compras literarias para aleccionar mis neuronas durante las próximas navidades, se encuentra un libro de Stephen Barker titulado “Numerati, lo saben todo de ti”. A primera vista el título ya es atrayente y para los que somos escépticos puede parecer un libro de tantos dónde la presunta divulgación científica se mezcla sin remedio con la charlatanería mediática. Pero no es así. Hoy en día, en sociedades tecnológicamente avanzadas como la nuestra (Europa, EE.UU., Japón, Corea del sur..) los sistemas informáticos encargados de recopilar información de cualquier tipo, abundan hasta extremos insospechados. A veces sentimos vigilados nuestros actos en la mundo real y nuestros dominios en el mundo virtual. Pero si llegáramos a enumerar la ingente cantidad de información que entidades, empresas y gobiernos disponen sobre nosotros, estaríamos bastante preocupados.
Las cámaras de vigilancia han experimentado un crecimiento exponencial desde el abaratamiento de la tecnología de captación de imagen, la miniaturización y la enorme facilidad de instalación incluso con transmisión inalámbrica. Se pueden encontrar en cualquier punto de una calle de nuestras ciudades, en los cajeros, supermercados, centros comerciales, tiendas de cualquier tipo, restaurantes, gasolineras, centros del gobierno, ya en muchos colegio y guarderías, hospitales, vigilando monumentos o incluso en plena naturaleza (webcam). Casi todas ellas están conectadas a sistemas informáticos muchas veces no protegidos o aislados de redes tipo Internet o redes internas de empresas. El acceso a esa clase de información es relativamente fácil para hackers de primer curso.
A través de la geolocalización es posible averiguar, con un margen de error casi despreciable, el lugar del mundo dónde te encuentras. Y esto se puede realizar sabiendo cuál es la dirección IP del navegador de tu portátil o PDA, por la conexión WiFi, la posición de las torres de emisión/recepción de las señales de los teléfonos móviles o por los sistemas de localización activos GPS que recibe la información de la latitud y la longitud de los satélites.
El uso de formas de pago mediante tarjeta de crédito, los historiales médicos informatizados, la enorme cantidad de formularios que rellenamos en diversas actividades (inscripciones, contratos, recibos, fichas de clubs), los detalles más íntimos de nuestras vidas en las redes sociales (Facebook, MySpace, Tuenti, Twitter), foros/wiki de opinión e intercambio de ideas, textos, fotos y vídeos, etc..
Luego los sistemas de identificación automática y de captura de datos: códigos de barras, bidi, RDIF, OCR, bandas magnéticas, smart cards, biometría (iris y reconocimiento facial) proporcionan unas veces datos personales y siempre datos de costumbres y comportamientos sociales que acaban en compañías de marketing.
En su libro, Stephen Barker, bautiza como “Numerati” a los ingenieros, matemáticos, o informáticos que crean el software necesario para realizar la recolección de datos masiva y la posterior reordenación de dichos datos conforme a especificaciones determinadas por un objetivo económicos en la mayoría de los casos:
“Los numerati estudian las páginas web que visitamos, los alimentos que compramos, nuestros desplazamientos con nuestros teléfonos móviles. Para ellos, nuestros registros digitales crean un enorme y complejo laboratorio del comportamiento humano. Tienen las claves para pronosticar los productos o servicios que podríamos comprar, los anuncios de la web en que haremos click, qué enfermedades nos amenazarán en el futuro y hasta si tendremos inclinaciones -basadas puramente en análisis estadísticos- a colocarnos una bomba bajo el abrigo y subir a un autobús.”
Aconsejo leer el libro y, como entretenimiento no apto para “conspiranoicos” y asustadizos, leer los comentarios en la web Numerati en Twitter. Unos hablan de mafia tecnológica, otros de mal necesario, otros no dan importancia al hecho en sí. Quizá en un futuro no muy lejano, esas agencias secretas tan proclives a aparecer en películas (CIA, NSA, Echelon, Mossad…) no sean útiles porque, sin darnos cuenta, estamos proporcionando ahora mismo, la información que necesitan. Lo más desasosegante es que este sistema social basado en el intercambio masivo de información a través de la tecnología que nos proporcionan los ordenadores conectados en redes está en sus comienzos, y el futuro de una sociedad libre de intercambiar información y conocimiento se mezcla con la enorme capacidad para recopilar y, lo peor de todo, utilizar esa información sin control alguno. Quizá sea el precio a pagar.
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