Archive for June, 2010
.Atmósfera.
En estos últimos seis meses, APOD ha publicado impresionantes fotografías del espacio cercano y del profundo. Sin embargo soy un apasionado de las fotografías de “atmósfera”, es decir aquéllas que se toman desde la superficie de nuestro planeta o, a lo sumo, desde la ISS o la Space Shuttle. He elegido las mejores, a mi entender, de éstos meses. Pulsar sobre las imágenes para verlas en alta resolución:
Mercurio y Venus, Nôtre Dame y la Torre Eiffel…
Halo solar se asoma por encima del antiguo templo de Bayon en Angkor, Camboya.
Pilar solar desde el Observatorio de Infrarrojos de Wyoming:
Eclipse sobre el Templo de Poseidón en Sounio, Grecia:
Puesta de Sol desde la ISS, expedición 23:
Una mañana durante la semana del solsticio de verano de 2008 en Stonehenge; para mi una de las más bellas imágenes que APOD ha publicado, llena de contenido; resume un poco la esencia de nuestro universo: materia regida por las leyes de la física, vida regida por las leyes de la evolución y la incipiente inteligencia y cultura del ser humano primitivo:
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.Ritmos.
Estamos hechos de materia, de polvo de estrellas como bien dijo Carl Sagan. De materia controlada por leyes físicas y regida por ritmos diferentes. Los ritmos de la vida son variados y perturbarlos supone un pequeño caos en nuestro sistema vital. Estos ritmos nos ordenan la existencia de una forma transparente para nosotros pero influyen muy poderosamente en nuestro quehacer diario. Muchos, quizá casi todos, no demos la importancia que tienen, pero están presentes en nuestras vidas y condicionan nuestras acciones. Desde los ritmos cósmicos (movimientos planetarios, estaciones, ciclos atmosféricos, eras geológicas, mareas) hasta los ritmos inherentes a la vida (sexuales, crecimiento, metabólicos, hormonales, enfermedad) pasando por los ritmos esencialmente humanos (población, música, baile, comunicación, culto, trabajo). Todos están coordinados para el correcto desarrollo de nuestra trayectoria vital.
Pero a veces algunas personas, sin quererlo, se ven inmersas en ritmos diferentes.
Eso mismo le debió ocurrir a Agapito Pazos, un gallego que convivió durante 80 años entre las mismas paredes, las mismas ventanas y observó el discurrir de la vida a través de la ventana de su habitación y, quizá, supo que estaba vivo porque nunca en su vida observó una nube igual a otra. A él le tocó un ritmo pausado, controlado por la naturaleza que siempre nos rodea e intenta, consiguiéndolo, modificar nuestras vidas. Su vida no estaba llena de grandes emociones, de intensos viajes, de sonados éxitos, pero era su vida al fin, compartida con médicos, enfermeros y enfermos, no tenía familia, pero no estaba solo.
En otras ocasiones, terribles, la naturaleza yerra e impone
ritmos injustos… Siempre olvidamos que en la naturaleza no existe lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo bello y lo horrible, sólo son apreciaciones de nuestra especie. Eso le ocurre, entre otras personas, a Hayley Okines. Padece la terrible progeria o Síndrome de Werner, tiene 12 años pero su cuerpo ya presenta todas las degeneraciones físicas de una persona de 90 años. Su ritmo, desgraciadamente, se aceleró a los 13 meses por una mutación de un gen que daña la integridad del tejido conectivo.
Agapito padecía un discapacidad psíquica y un trastorno funcional físico que le impidió desarrollar sus capacidades en sociedad, pero pasó 80 años viviendo y ayudando en la medida de sus posibilidades, no fue una vida perdida. A Hayley le quedan, con suerte, 4 ó 5 años de vida, es una niña.
Es triste que muchas personas no valoren ese preciado tesoro que nos ofrece la naturaleza al nacer: tiempo.
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.Percepciones.
En 1955, Eve Arnold captó ésta quizá poco conocida imagen de Marilyn. Sensualidad y cultura. No en vano, Marilyn estuvo casada con Arthur Miller y fue amiga de Carson McCullers y de la baronesa Karen Blixen (alias Isak Dinesen)…
Irán, Teheran, 2 de agosto de 2007… era homosexual…
Cripsis casi perfecta, busca el lagarto, si no lo encuentras dímelo…![]()
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.La realidad imaginada III.
No sabía el significado real de aquél gesto, aunque mi lado más salvaje (muy poco utilizado) me hacía presuponer cierto grado de esperanza. Sin embargo debía irme de la vacía sala de prensa y dejar volar mi imaginación para mejor ocasión. Camino del ropero, esperando encontrar con seguridad mi económico abrigo, me volví a cruzar con el camarero; terminaba su jornada de duro trabajo y aguante de estupideces y enfundado en una gabardina algo raída pero muy honorable se despidió de mí con exquisita educación:
“…adiós señor, que tenga una buena vida…”
Es curioso, siempre te desean lo mejor a corto plazo, es extraño pero agradable que alguien te lo desee para toda la vida.
Apresuré mis pasos para poder respirar algo de aire puro e intentar deshacerme del apestoso olor a tabaco. Aguanto, y me gusta, el olor a tabaco de pipa, pero esa mezcla entre los puros habanos (aún redondeados entre muslos de mulatas) y el tabaco barato intencionadamente envenenado, me resultaba nauseabunda, quizá menos que los labios que los portaban.
Acercándome a la complicada puerta giratoria del hotel ya presagiaba un cambio, aunque solo fuera atmosférico. Sentí caer sobre mi cabeza las primeras gotas de lluvia del otoño. De nuevo me alegraba ver llorar al verano en su repetida despedida anual. Y es que voy contra corriente, no es por fastidiar sino por agradar a mis impulsos. Muchos animales hibernan físicamente, respetando sus instintos y su naturaleza. Muchos seres racionales están toda su vida hibernando su mente y su espíritu en un afán por preservar una materia gris que no saben muy bien cómo usar. Yo, por el contrario, me agrada ir contra la mayoría, intento sacar provecho de todo lo bueno y todo lo malo… y así me va.
Las gotas de lluvia se empeñaban en jugar reflejando la luz multicolor de los luminosos neones de comercios ya cerrados y la luz cálida y celestial de farolas poco atrevidas. Apenas caminaban personas por las calles, era un placer discurrir por ellas tal y como lo hace un gran río llegando ya a su océano. Pero el tiempo no perdona nunca y llegaba tarde a la sesión filosófica que, seguro, Mike me preparaba; por ello decidí esperar la llegada del autobús más por cansancio que por ganas de utilizarlo. Creo que los trasportes públicos favorecen las relaciones y tocamientos sociales pero despersonalizan y atontan; me siento parte de un gran pastel de bizcocho, como una de sus pasas, sin diferencia, sin gracia alguna. Claro que siempre hay pasas bañadas en coñac…
Ya se divisaban los dos enormes faros iluminando la tenue lluvia y casi se podían contar las gotas a su trasluz, parecían ralentizadas en el espacio. La puerta se abrió con poca educación y me topé con un conductor grasiento de aspecto y maneras. Contaba una leyenda urbana que una vez un conductor de autobús sufrió un atraco perpetrado por adolescentes; éstos no consiguieron robarle nada, ni siquiera la autoestima porque, según declararon a la policía, el conductor hablaba un extraño idioma y claro así no se puede atracar a nadie. La primera regla de un atraco es que te entiendan.
Le saludé con educación pero visible distanciamiento y él me espetó un sonido que sólo recordaba haber oído en el parque zoológico de la ciudad:
…grñññ…
Traduje la expresión por un “hola”, a secas. No tenía monedas sueltas y tuve que entregarle mi último billete antes del cobro que mi editorial me había prometido como adelanto:
Esta vez me lo puso más difícil pero deduje, por la sonrisa que esbozó, que yo iba a recibir un castigo. Y así fue.
Su rechoncha cara dibujó una complaciente sonrisa por la venganza a la que me iba a someter. No tuvo reparos en casi fabricar moneda de curso legal para ver como incrementaba el peso de mis bolsillos mientras aparecía un letrero luminoso en su frente que decía: “aquí mando yo”. Y yo, resignado, junté las manos en señal de sumisión para recoger ese inmenso caudal de monedas que el muy puñetero había logrado reunir para entregarme como cambio junto al billete.
Me siento al lado de una señora mayor enjoyada hasta las arrugas que exhibe unos aires de condesa nada propios en un transporte público. Me lanza una mirada escudándose en su hombro y me perdona haberme sentado a su lado. No le hago mucho caso, me entretengo viendo transcurrir por los cristales, como en una película, el paisaje urbano de coches, personas, árboles, edificios, basura…
Había quedado con Mike en “The edge”, un club nocturno situado en un semisótano que hace honor a su nombre porque está justo entre el barrio siempre pobre y olvidado de los negros y el barrio siempre luminoso y esperanzador de los blancos. Un oscuro refugio, como debe ser, dónde el humo no te molesta porque tiene el swing de los negros que noche tras noche deleitan con su jazz veladas más tranquilizadoras para el espíritu que provechosas para la carne. Pocas personas lo saben, este garito hizo la competencia durante unos años al mismísimo “Cotton Club” gracias, en parte, a Bessie una chica negra algo entrada en carnes, con una preciosa cara y una voz que resplandecía como un faro entre la niebla del local. Siempre callábamos ante aquél espectáculo. Y así fue hasta que la sublime Billie Holiday comenzó su carrera en el famoso club de Harlem.
Nada más abrir la puerta me encuentro con la dulce sonrisa de Lena, una camarera pelirroja a la que nunca he visto triste, es puro optimismo. Incluso el día del funeral de su madre lucía una moderada sonrisa; yo la pregunté cómo podía permanecer tan entera frente a la pérdida de su más querido ser y ella, sin dejar de sonreír, me dijo
…no te preocupes, me acuerdo sólo de los momentos felices que pasé con ella… eso es lo que cuenta…
Apoyaba sobre su escueta cadera la bandeja dónde, todas las noches, repartía a ritmo de soul el tabaco, las cerillas, el chocolate, algún caro perfume y otros vicios nocturnos. Era tan espléndida en la atención que nunca se habían propasado con ella, ni siquiera con esas estúpidas palmaditas en el culo tan proclives a regalar determinados prohombres.
Siempre me sentaba con mi amigo Mike en la misma mesa, pequeña y redonda e iluminada tenuemente por una vela que, creo, lleva sin cambiarse unos cuantos años. Mike había venido con Sugar, su chica, una mujer no bella pero con encanto, algo muchas veces más deseable.
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.Percepciones.
Los chicos de If star wars was real jugando con la imaginación, fotomontajes muy sugerentes:
Otro poderoso efecto óptico, nada se mueve:
Baño musulman:
Ron Mueck es un escultor hiperrealista, quizá demasiado:
Esta foto es mía. Alhambra de Granada, Patio de los Leones, otoño, 00:17 horas, época nazarí:
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