Archive for October, 2009
.Brutal sutileza.
Este post no tiene, ni lo pretende, ningún mérito. Tan solo haber recopilado algunas frases del crítico cinematográfico Antonio Gasset, periodista madrileño que se “acogió” al expediente de regulación de empleo de RTVE…
Ser crítico de cine independiente en un país como el nuestro puede resultar fácil si uno alterna grandes dosis de halagos personales hacia los actores con minúsculas perlas negativas sobre su trabajo actoral. A un actor le encanta una portada de revista, un photocall, miles de aplausos, entrevistas, cientos de reverencias, falsas sonrisas (pero sonrisas al fin y al cabo), eternos proyectos, posición y tamaño de letra en los títulos de crédito, etc. En fin, una retahíla de egocentrismo mezclado con vanidad y pringado por la oscura pátina de la envidia. La mejor forma de definir la personalidad de un actor algo veterano, ya sea malo o bueno, es imaginándole frente a un espejo diciendo “yo, yo y solo yo”. No todos son así, !!!por Tutatis¡¡¡.
Es una pena haber perdido, por el momento, la opinión de Antonio Gasset y las sutiles, mordaces e incruentas frases de un crítico tan equilibrado como él:
“Llega el momento de la publicidad, disfrutad del cine si podéis. Si no, también tenéis la música, la literatura o incluso la historia, a no ser que queráis ser presidente del Gobierno.”
“Ahora vamos con "El Señor de los anillos", película basada en un famosísimo libro… que yo no me he leído. Sin embargo, les diré como anécdota, que algunos de mis amigos tienen, en una estantería totalmente vacía, junto con su foto de sus vacaciones en Calasparra, un ejemplar de “El Señor de los anillos”.”
“…Lo mejor del festival de Venecia, mi acompañante, aunque por desgracia esté enamorada de otro.”
“Para ir al cine con esta cartelera hay que tener coeficiente intelectual negativo.”
“Nunca se fíen de algo que sangra durante cuatro días y no se muere.”
“Y ahora, si nos perdonan, vamos a hablar de cine español.”
“¿Qué sería de nosotros sin un país inteligente como es Francia?”
“Aprovechen la pausa para revisar su agenda de amigos, encontrarán que han malgastado su preciado tiempo y paciencia en conocer a un montón de ineptos, no se corten, cojan un boli y táchenlos.”
“Sed buenos, y si por lo que fuera no podéis, seguid siendo malos, la diferencia es mínima.”
“Durante la pausa publicitaria, rezar con la esperanza de que ninguno de sus hijos se haya presentado al casting de Operación Triunfo.”
No sabría con qué frase quedarme, son geniales. Termino con la autodefinición que hicieron de su profesión dos
actores que se situaron por encima del bien y del mal y que, desde allí arriba, alcanzaron la lucidez necesaria para afirmar lo siguiente:
“Un actor es una persona que no te escucha a menos que estés hablando de él".
Marlon Brando
"¿Qué es en el fondo actuar, sino mentir?,
¿Y qué es actuar bien, sino mentir convenciendo?".
Laurence Olivier
A diferencia de la mayoría de políticos, los actores por lo menos interpretan su papel sin prostituir la buena fe de las personas.
.No barro, no plumas, no bichos.
Richard Louv escribió un curioso libro aún no traducido al español que describe por vez primera un síndrome específico que alerta sobre la sobreprotección de los niños y las niñas frente al medio natural: el “síndrome de déficit de naturaleza”.
Según Louv, “el reemplazo de praderas, bosques y pantanos por manipulados céspedes, campos de golf y urbanizaciones ha apartado a los niños del mundo natural, creando situaciones tan inverosímiles como la que explica un estudio realizado en Inglaterra en 2002, el cual reflejaba que los niños de 8 años podían identificar más fácilmente a los personajes de Pokemon que, por ejemplo, a un escarabajo, una nutria o un álamo”; añado que conozco a pocos padres que puedan hacer lo mismo.
Esta faceta del comportamiento social se enraíza exclusivamente en las sociedades tecnológicas occidentales (y en algunas sociedades asiáticas) que se soportan en ciudades afectando a todos los niños y niñas de familias acomodadas ( o por lo menos con problemas irrisorios desde la perspectiva del tercer mundo).
Vivo en una ciudad de 90.000 habitantes fijos, con un porcentaje de zonas verdes (parques, pequeños bosques, zonas ajardinadas, etc.) alto respecto a otras ciudades similares. Pero de un tiempo a esta parte, observo cambios en esos entornos naturales, cambios curiosos unas veces y preocupantes otras. La arena en los parques está desapareciendo, la tierra de los alcorques se cubre con un soporte sintético blando parecido a un aglomerado de piedrecillas de goma (imagino que es totalmente permeable), se incrementa el uso de mobiliario urbano hecho de resinas sintéticas o plásticos de varios tipos, los parques infantiles intentan incrementar la seguridad instalándose elementos absurdos para el juego de los niños, en muchas medianas urbanizadas y pequeños espacios que sirven de separación se coloca césped artificial…
Estas actuaciones resultan un contrasentido cuando se intenta, por otra parte, plantar especies autóctonas, se extiende el riego por goteo controlado o se educa “medioambientalmente” a las personas.
Mientras, los padres incrementan su ofensiva protectora hacia la presunta “seguridad” de sus hijos frente a los continuos peligros que les acechan en la naturaleza, es decir:
…no te subas al árbol, cuidado con la alambrada, quítate el barro de las manos, no toques esa planta, no corras porque te puedes caer al suelo, no te acerques a ese perro y/o cordero y/o vaca y/o caballo, cuidado con las piedras, no cojas la pluma que tiene piojos, no te metas ese palito en la boca, ¡qué llevas en la mano, cochino! (una simple hoja), ¡de dónde has sacado esa porquería! (una lombriz)…
El contacto con la realidad natural, coloquialmente LA NATURALEZA, es esencial y debería
ser obligatorio. La experiencia que adquieren los niños (siempre hablo en el ámbito de ciudades prósperas) es aprendida formalmente en los libros de texto o en extraordinarios soportes multimedia. Pero el contacto físico a través de los sentidos con la naturaleza, se restringe de una forma casi obsesiva en loor de las ventajas de vivir en las ciudades, de vivir protegidos de la interacción que pueda ejercer la naturaleza con nosotros.
Incluso cuando los niños se desplazan con sus padres a pasar unas “herrrrrrmosas” jornadas de turismo rural, éste se encuentra tan manipulado que el entorno se convierte en un enorme decorado “rural art” falso, sin la pátina del tiempo, sin el olor de la experiencia y sin alicientes reales que diferencien dos mundos totalmente diferentes: el campo y la ciudad. Casas rurales domesticadas por enormes reformas e interiores de foto de revista dominical, decorados dispuestos a representar la paz y el sosiego del mundo rural pero más falsos que las vigas de policarbonato de muchas habitaciones “rurales”, estancias convertidas en templos tecnológicos dónde se puede permanecer totalmente conectado al mundo, en fin, falsas sensaciones que, quizá, los lugareños escenifiquen por el necesario “cash flow”. Pero da igual, lo importante es formar parte de esa representación, de ese precario “teatro del mundo”, caro en dinero y escaso en sabiduría popular, más propio de una compañía teatral.
El libro de Louv incide en la necesidad innata de los niños para desarrollar sus sentidos de aprendizaje y creatividad a través de experiencias con el entorno natural, esto es, el campo, el mar, la montaña, las praderas, los valles, los setos, las dehesas, los páramos, los desiertos y todas las formaciones que componen estos escenarios naturales. Expertos en educación y psicología infantil coinciden en los beneficios para los niños que juegan en entornos naturales: son más propensos a crear sus propios juegos, a mostrar mayor cooperación y a adquirir mayor seguridad en su autoestima que aquellos que juegan en escenarios artificiales o en escenarios donde el “riesgo” se minimiza o anula completamente. En los ambientes controlados no hay verdadera experimentación, cualidad esencial para un amplio desarrollo del cerebro.
Lo más triste de todo ello es la clara tendencia de la sociedad hacia ciudades con entornos naturales fielmente representados en enormes complejos o centros comerciales; ya comenté algo sobre este aspecto en la entrada “Los nuevos barrios”. Todo llega. ¿quien me iba a decir cuando yo era un imberbe chaval que a día de hoy muchos niños que conozco se limpiarían el culo con toallitas húmedas…? ¡¡¡WTF!!!.
No desearía que mis nietos acabasen tan ignorantes de la naturaleza como en un chiste que me contaron en una ocasión:
¿sabes cual es el único animal que da 500 vueltas y no se marea…? solución