Archive for September, 2009
.En ocasiones veo, veo.
Estamos acostumbrados a creer, con evidente afán egocentrista, que nuestros sentidos nos proporcionan una visión casi completa y exacta del entorno. Sin embargo no nos percatamos de la precaria e inexacta realidad que percibimos. La evolución nos dota de órganos sensoriales que, acorde con nuestra función en la naturaleza, envían información muchas veces incompleta del entorno físico dónde desarrollamos nuestra vida.
Los fotones reflejados o trasmitidos por el objeto que observamos (vemos por luminancia), estimulan los receptores del ojo y éstos trasmiten los impulsos al cerebro que “interpreta” esta información de acuerdo a leyes impresas en nuestra memoria genética de especie: como la aplicación de ejes sobre las formas, la división o agrupamiento de las partes, asociaciones complejas determinadas por esquemas de memoria, sensación Déjà vu visual (paramnesia), etc. Todo ello utilizando un reducido fragmento del espectro electromagnético (desde 780 nm del “rojo” hasta 380 nm del “violeta”).
Nuestro campo visual abarca unos 170º en el plano horizontal y 150º en el plano vertical, pero el ángulo óptimo de visión para detalles finos alcanza los 2º e incide en la fóvea del ojo, fuera de esos límites solo percibimos cambios de luminancia y sensación de movimiento; fijando la vista en un punto, el resto lo percibimos desenfocado. La percepción visual se manifiesta en el cerebro a partir de la información recogida del entorno por los ojos, pero no como un registro fiel y mecánico de ésta.
Así el cerebro “inventa” información cuando necesita que nos concentremos en algo importante para nosotros en ese preciso instante. Esto es muy utilizado por los buenos magos en sus trucos que consiguen distraer la atención de la mirada hacia el entorno y nos provocan la llamada “ceguera por inatención”. Cuando el mago lanza
una pelota al aire tres veces seguidas y en el tercer lanzamiento ésta desaparece, lo que ocurre es que el cerebro, que es anticipatorio, produce un efecto ilusorio y, si bien la pelota ya no estaba allí, el cerebro imagina de nuevo el entorno anterior y rellena el vacío producido. Los magos solo cambian los objetos de lugar, no los hacen desaparecer. Nuestra verdadera visión consciente es escasa y selectiva, el cerebro descarta la información que no considera necesaria.
El neurocientífico Manuel Martín-Loeches, profesor de la Universidad Complutense de Madrid lo explica con meridiana claridad:
“Nuestra vista no es un sistema al modo de una cámara. No vemos todo lo que tenemos delante fielmente píxel a píxel, punto por punto, sino que lo que hacemos es contrastar directamente la información que ya está en nuestro cerebro previamente con aquello que nos está llegando por los ojos. Gracias a eso, llegamos a una realidad que es una mezcla entre nuestra experiencia pasada y nuestra experiencia presente, haciendo que muchas veces nuestro cerebro reconstruya o ponga elementos donde en realidad no los hay: completamos la escena con información acerca de cómo deberían ser las cosas”.
Existen infinidad de ilusiones visuales y efectos ópticos. Quizá entre los más sorprendentes figuren estos cuatro. El efecto Troxler (la desaparición del entorno); si miramos durante varios segundos al centro de la imagen, el círculo exterior “desaparecerá”:
Otro sorprendente ejemplo del efecto Troxler lo encontramos aquí .
En este extraordinario efecto visual, las espirales verde y azul son del mismo color, podéis comprobarlo.
Poderoso ejemplo de pareidolia:
Para terminar otro extraordinario ejemplo de percepción visual equívoca, el tono gris del cuadrado A es exactamente igual al tono gris del cuadrado B, ¿imposible?…