Archive for March, 2009
.¿Crisis?.
Me he resistido a hablar al respecto de algo tan evidente hace cuatro o cinco años para personas tan legas en temas económicos como yo pero (quizá, solo quizá) con algo de sentido común. Pero la tentación puede más que la modestia. Comentando entonces con familiares y amigos la situación económica de mi país, muy poquitos coincidían conmigo, allá por los felices años 2002 y 2003, en la inmensa mentira sobre la que se sustentan las finanzas y la economía. Veía con incredulidad como las constructoras, inmobiliarias y resto de empresas relacionadas, no paraban de destruir suelo público y construir viviendas en su inmensa mayoría privadas (con muy dudoso gusto estético, añado). Y yo, inocente, siempre comentaba: ¿hay tantos potenciales compradores/arrendadores para llenar acaso la mitad de los inmuebles construidos…?. ¡Hombre, la mejor inversión es "el ladrillo"!, no lo dudes, nunca puede bajar el precio de los inmuebles, los pisos se revalorizan….
Afuera aparte, veía, con más incredulidad, como las entidades financieras desarrollaban productos con nombres muy exóticos pero sin un real soporte físico monetario, desplazando inmensas cantidades de efectivo de unos a otros productos y dejando tras de sí unos vacíos monetarios imposibles de soportar en caso de crisis. El complicado mundo financiero tenía entonces visos de cojear por necrosis galopante. La inmensa red de productos financieros se ha sustentado en una especie de puente colgante… de un sólo pilar. Si los inversores no se lanzan a recuperar beneficios de forma acelerada la "res" financiera funciona; pero el mercado está tan poco vigilado por los estados, tan controlado por los grandes bancos y tan escasamente respaldado por dinero "físico" que, ante una crisis, las fichas caen una tras otra. Mi abuelo siempre decía tener un "calcetín" para emergencias, no se fiaba de los bancos; el dinero físico metido en ese "calcetín" es dinero REAL y UTILIZABLE de inmediato, el resto no deja de ser una imagen virtual sometida a enormes riesgos a la hora de un retirada masiva de capitales porque en su gran mayoría es dinero ficticio soportado por documentos.
Mis abuelos y mis padres vivieron en una crisis permanente y, por eso mismo, no eran conscientes de ello o lo disimulaban muy bien. Se levantaban a las 6 de la mañana los 7 días de la semana, no existía la Seguridad Social ni había prestación por desempleo o subsidio. ¿Vacaciones?, ¿cines?, ¿restaurantes de autor?, ¿tiendas?, ¿centros comerciales?, ¿230 canales de tv?, ¿internet?, ¿móviles?, ¿colchón de "viscolástica"?, ¿pañales?, ¿toallitas húmedas?, ¿DVD?, ¿El Corte Inglés?, ¿actividades extraescolares?, ¿piso con garaje y trastero?, ¿casita en la playa o en la montaña?, ¿esquiar, golf, baile, clases de informática, taichí, yoga?, ¿cruceros, turismo rural?, ¿chalet adosado con piscina?, ¿coches? (Perdón, cochazos). Aunque hacían auténticos malabarismos para llegar a fin de mes, siempre tenías un plato de sopa caliente y una tortilla para comer.
Yo he puesto a trabajar mis recuerdos y, sin temor a quejarme, intento comparar infancia con la infancia de mis hijos. Mis botas duraban mucho más que ahora (o eso es lo que nos parecía) y, en muchas ocasiones, se compraban con dos o tres números de más; la ropa se cuidaba para que los hermanos pequeños pudiesen utilizarla; el domingo se constituía en un auténtico día de fiesta: uno se vestía algo mejor, uno comía algo mejor, en familia o con el resto de la familia; tus padres te daban (a veces) una pequeña propina (que esperabas durante toda la semana con ilusión) y que gastabas comprándote una Mirinda, pastillas de leche de burra, toffes, regaliz "de verdad" o chicles Bazooka. Si habías ahorrado lo suficiente, adquirías un tebeo de treinta páginas que releías una y otra vez hasta el próximo ahorro. La esporádica visita al cine se convertía en un acontecimiento y uno disfrutaba del espectáculo. Los libros se transformaban en sabios consejeros, aguerridos aventureros o cultos narradores. Las redes sociales se forjaban en la calle o en el patio del colegio mirándonos a los ojos, no a la pantalla. La inmensa falta de recursos se suplía con una inmensa imaginación. En fin, no pretendo presumir de una época ya superada, pero existen valores muy necesarios hoy en día que entonces abundaban.
Lo triste es que ya no existen ideales y, si los hay, están escondidos en las mentes de unas pocas personas y no en la inmensa masa humana. Los ideales presumen de tener una pátina de recurso de pretéritas épocas con el único fin de crear revoluciones pero tienen un contenido de rebelión, de protesta, de azuzamiento de egoísmos asentados en los dirigentes políticos actuales. El exceso es tan malo como la precariedad, pero la inexistencia de ideas y, sobre todo, el vacio de contenidos humanos nos está empezando a pasar factura. Los políticos actuales (no todos, pero casi) o bien son inútiles (malo) o aficionados (malo) o malvados (malo) o corruptos (malo). Antes, por lo menos, cuando un cargo político pifiaba una asunto importante, dimitía ipso facto… y mucho tiempo antes, terminaban suicidándose, !qué tiempos aquellos¡.
Y nadie se inmuta, se protesta pero no existe una revolución social, una protesta no solo por el engaño asumido por todos sino por la carencia de soluciones efectivas para el resto de la humanidad. Nos conformamos con vegetar en una sociedad occidental cada vez más compleja y destinada a aislar al individuo en pos del beneficio del total comunitario. Y mientras que en otros países siguen muriendo como moscas seres humanos, aquí nos sobresalta en extremo no podernos comprar el último modelo de Audi o el plasma de 42", porque "estamos en crisis".
Y lo peor de todo esto, la sociedad donde vivo parece anestesiada por la información manipulada en unos casos y desviada a asuntos banales en otros: series de televisión, deportes, concursos y sucesos copan más del 80% de la información en televisiones y periódicos. Nadie mueve un dedo más que para salvar nuestros propios intereses y nuestra cómoda forma de vida… mirando desde la distancia la otra realidad; las fronteras ejercen de eficaz filtro ante las desgracias ajenas y los "mas media" se encargan de suavizar las conciencias pretendiendo ocultar la cercanía de la desgracia. Ya no existen revoluciones, no existen revolucionarios, tan solo un puñado de personas anónimas que ofrecen sus vidas ayudando a los demás… Solidaridad, generosidad, colaboración, valores humanos… empatía.
"Hay otros mundos, pero están en este…", cuando Paul Éluard dejó escrita esta frase estaba pensando en otra cosa, pero creo muy sensato aplicarla frente al enorme desconocimiento e ignorancia, acaso egocentrismo, que padecemos frente al resto de la humanidad.
Hoy nuestros hijos vivirán más tiempo que nosotros, espero que la anestesia no les afecte.