Archive for December, 2008
.Navidad.
Hoy es Navidad, fiesta cristiana por excelencia, preciosa excusa para reunir miradas y afectos, buenos recuerdos y esperanzas. Mi familia duerme, tranquila y feliz después de haber pasado una noche junto a los nuestros, compartiendo sonrisas y recordando alguna que otra lágrima. La Navidad, sea uno creyente o no creyente, es una perfecta ocasión para reunirse con los tuyos, familia o amigos, y disfrutar, y compartir, y ofrecer cariño y amor, sí, amor, una palabra universal que no tiene título de propiedad de ninguna creencia y, en muchas ocasiones, tememos pronunciar por creer caer en la ñoñería. Aunque siempre existen unos cuantos que “detestan” las fiestas navideñas y se alzan sobre el resto de mortales en un afán por destacar; en general son personas solas, solitarias y un tanto egoístas que basan su actitud en la muy poco justificable mercantilización de éstas fiestas por parte de la sociedad de consumo masivo. Es muy cierto este aspecto pero ello es una aberración que nada tiene que ver con el espíritu que deberíamos tener en estas fiestas.
En la web española de la APOD (Astronomy picture of the day), la imagen del día 24 es antigua pero con un inmenso significado. Nuestro bellísimo planeta, lleno de millones de personas buscando un anhelo, una esperanza, un sueño; estamos solos, nos tenemos a nosotros mismos, fuera no existe ayuda alguna y el medio es tremendamente hostil. Se nos ha ofrecido una maravillosa casa dónde vivir, una inmensa “canica” del azul más hermoso que existe y se nos ha concedido un tiempo para vivir en ella y, aún así, nos empeñamos constantemente en corromper y deformar nuestras más positivas actitudes y creencias, deseos y sentimientos. La excusa de las fiestas navideñas para retomar todo lo bueno que, por naturaleza, tiene la humanidad debería extenderse a cada día de nuestras vidas.
Por el vagabundo, el pobre, el desterrado, el abandonado, el hambriento, el enfermo, el refugiado, el incomprendido, el triste, el solitario, el desahuciado, el castigado, el censurado, el humillado, el inmigrante, por recuperar la humanidad perdida, los deseos no satisfechos, la mirada oculta, el espíritu callado… escondido de las bonanzas, huido de los respetos; sin quererlo olvido a mis hermanos el resto del tiempo, su sangre oscura, su frío intenso, su olor agudo, su saliva como único alimento; su alma entera roza la mía y con un escalofrío lento y tortuoso apenas tiendo la mano, mi mano, solidaria y humana, caliente y sensata para unos, cómoda e hipócrita para otros; no queda tiempo para reparar el triste futuro esperado y no querido, desde el dolor ajeno, tan leve en nuestro cuerpo, veo pasar la vida ante ellos con la esperanza de no contagiar mis sueños, mis anhelos, huyendo de la áspera visión de sus caras intento salir del sueño, pero es inútil, no es un sueño. Desgraciados por nacer en mala hora, en equivocada geografía o ajironada familia, aguantad el tirón del tiempo, al final todos salimos desnudos del mundo. Sólo un recuerdo por vosotros, hermanos, compañeros, amigos de una vida recorrida unos a pié otros al vuelo; quizá llegue el día, la veleta gire veloz, el viento se torne cálido y acogedor y la lluvia limpie los pegados ojos de la esperanza. No les hagamos esperar, el hombre adquiere la categoría de dios cuando derrocha humanidad, solidaridad y respeto. No esperemos a la navidad.
Siempre intento acordarme de dos frases muy sencillas. Una vez un político, de los que ya casi no existen hoy en día, dijo ante un hecho trágico acaecido en su familia: “Malditas sean todas las guerras. Y malditos los que las promueven.”, otro político y también escritor de hace ya dos siglos (Edmund Burke) comentó en una ocasión en reflexiones sobre la revolución francesa: "Para que el mal triunfe, sólo se necesita que los hombres buenos no hagan nada". Unos podrán opinar que son frases partidistas o demagógicas pero una cosa es cierta, los buenos sentimientos se expresan con acciones equivalentes y eso debería ser el motor de las actitudes que tengamos con los demás.
Existen muchos más millones de personas en éste planeta que no celebran la Navidad como fiesta religiosa o excusa para el encuentro familiar que los que sí lo hacemos, ellos tienen otras hermosas excusas para cruzar miradas y sonrisas y compartir las esperanzas. La vida puede ser tremendamente hermosa o terriblemente horrible dependiendo dónde hayamos nacido, es así de simple; pero tenemos en nuestras manos la posibilidad de cambiar esto o, por lo menos, paliarlo sensiblemente.
Feliz vida amigos.