Archive for May, 2007
.Hermanos.
Felipe es un cura y Luis, su hermano, otro… Dedicados en cuerpo y, por supuesto, en alma a llevar una vida entregada no solo a sus creencias sino a sus semejantes en mayor medida, templando espíritus inquietos y calmando fatigados cuerpos. Los dos, viejos y enfermos, intentaban verse más de lo que hubieran querido, pero los achaques de uno y la enfermedad del otro impedían mantener un hilo continuo de visitas en esa unión íntima que existe, o debería existir, entre hermanos.
Hace varias semanas, mi chica y yo ayudados por la muchacha que cuida a Felipe, nos ofrecimos encantados a llevarle hasta la residencia donde su hermano Luis se aferraba a la vida, enfrentándose a la terrible enfermedad; sí esa misma. Aunque fue duro para él, pudimos llegar en coche desde su parroquia de San José en pleno centro de Madrid hasta el colegio-residencia, después de sortear prisas, nervios, atascos, semáforos y malas caras ajenas. Al llegar al destino, Felipe consiguió salir a trompicones del coche, queriendo agarrarse con fuerza, apenas sin conseguirlo, al brazo de la muchacha que servía de impagable ayuda en el tramo final de su vida. Formando una lenta y escueta pero ilusionada comitiva, le ayudamos a subir hasta la habitación de Luis, su hermano.
Apenas se entreabrió la puerta, se buscaron las miradas ansiando encontrar apenas un atisbo de mejoría el uno en el otro, una esperanza vana pero repleta de cariño fraternal; Luis, sabedor del próximo final, parecía querer ocultar su gravedad y Felipe, escondía sus temores dichoso por ver de nuevo a su hermano. Sus agotados cuerpos aun podían soportar otra emoción, es más, deseaban sentirse emocionados. Luis permanecía sentado en una silla de ruedas, atado con vendas blancas de sentimiento ajeno, despeluchado por la medicina del hombre blanco, pero aun con ganas de bromear con su hermano. Y Felipe, tambaleante, cansado, inseguro ante el impoluto suelo que pisaba, sentose de un tirón en la escueta silla de colegio religioso. Y siguieron mirándose a los ojos, con ternura, con envidia de mejores tiempos pasados, viendo transcurrir en sus pupilas la vida entera, temiendo perderse algún fugaz recuerdo; mas, a pesar de toda la alegría desplegada, les colgaban tremendos párpados inundados de sutil tristeza.
Avanzados ya en edad y sabiduría, uno de ellos parecía dispuesto a romper algún que otro voto de manera furtiva. Pero no, las apariencias suelen mentir más que los políticos. Luis acariciaba la joven y suave mano de la chica que cuida a Felipe en un despliegue de sensaciones quizá intensas y necesarias: calor, tersura, juventud… la suavidad de aquella mano era el muro que parecía separar su futuro de su presente vida, llena de penas y alegrías, pero hermosa vida al fin. Y frotaba su delicada mano intentando alquilar algo de la exultante fuerza vital que la chica poseía. Su hermano permanecía quieto, muy quieto, seguro ya de no caer al suelo desde la escasa altura de su silla. Miraba a Luis, el despeluchado, irradiando un sentimiento que solo se da entre hermanos, un amor fraternal, de sangre compartida, de juegos infantiles y favores nunca reclamados, de consejos y miradas cómplices. Felipe, sabedor de la ventaja obtenida frente a su hermano (porque esa chica cuidaba su frágil cuerpo y animaba su luchador espíritu) dejaba a Luis disfrutar con infinita inocencia de ese insulso pecado de juventud, acariciando nerviosamente la mano de la muchacha como quien tiene una piedra recién sacada del fuego. Siguieron mirándose a los ojos.
Al cabo de unos pocos días, Luis dejó de sonreír para siempre. Su hermano Felipe quizá sintió como nunca antes en su existencia, esa fría soledad del que se cree olvidado en el recuerdo de sus semejantes. Pero nosotros lo le olvidamos, Felipe y Luis nos han enseñado el valor del amor entre hermanos, una suerte de amistad suprema, de intenso sentimiento humano sin exigencias de ningún orden.
Los hermanos, los buenos hermanos, no son aquellos con los que pasas más tiempo, sino aquellos de los que puedes decir: ha sido un privilegio compartir la vida contigo, ser tu hermano, he aprendido de ti y siempre te he tenido cerca.