Archive for December, 2005
.Cebolletas y ADSL.
Tecnología y hogar; infinidad de pequeñas máquinas electrónicas nos rodean y piden a gritos tener un padre o una madre, un amigo, un compañero, un amante en definitiva, a quién demostrar sus proezas tecnológicas. Es tal la variedad y cantidad de cacharritos tecnológicos existentes en el hogar que, si echamos un fugaz vistazo a nuestro alrededor, casi seguro existen más productos electrónicos de última generación (televisores, radios, dvd, videos, mp3, ordenadores, consolas, PDA, teléfonos quietos y en movimiento, routers, escáner, descodificadores, impresoras, faxes, GPS, radioteléfonos-walkies, etc.) que plantas. Si esto no es así es porque las plantas son de plástico. Y no hablemos de los electrodomésticos (tecnología "tonta" por ahora, pero imprescindible en nuestras vidas): frigoríficos "no frost", lavadoras "inteligentes", lavavajillas "ecológicos", tostadoras "de diseño", sandwicheras con forma de vaca, microondas inútiles, hornos "autolimpiables", freidoras, robots de cocina, exprimidores, batidoras, aspiradoras, "endiabladas máquinas" para fabricar perritos calientes, palomitas de maíz, chuches o yogures, etc., etc. La industria ya se encarga de renovar el parque tecnológico doméstico cada cierto tiempo: nuevos formatos para archivar mayor cantidad de información en menor espacio, aparatos que incluyen cada vez más funciones y automatizan tareas comunes, sistemas electrónicos encargados de controlar hasta el más mínimo detalle, modelos que realizan el mismo cometido pero integran un diseño más actual… Todos éstos amigos electrónicos forman un completo ejército del cual, al cabo de un tiempo, sólo utilizamos algunos de sus soldados. El resto acaba arrinconado en un armario o regalado con simpatía y alivio al despistado familiar de turno. Da gusto observar la solidaria convivencia entre el olor de las ricas cebolletas que empleo para la ensalada con las invisibles frecuencias utilizadas por mi router para navegar por la Web, esto sí es buen rollito.
Recapacito durante unos minutos sentado en mi sillón favorito (por ahora sin masaje automático). Me traslado en el tiempo unos 25 ó 30 años al pasado, en mi más inocente y querida infancia. Intento recordar cómo fue mi casa, los elementos utilizados para facilitar aquella vida cotidiana, ahorrar tiempo e incluso economizar gastos. Me sorprende recordar la existencia de solo cuatro representantes de la tecnología contemporánea: una lavadora amante del rock, una televisión en blanco, gris y negro y con mi hermano como mando a distancia, un teléfono literalmente "digital" y el entonces mal llamado transistor con un dial que para sí querrían muchos "globalizadores". ¡Como se podía sobrevivir con tan poco cachivache electrónico!. La capacidad del ser humano para adaptarse a nuevas situaciones es tan elevada como su capacidad para complicarse la vida. Las aplicaciones de la tecnología tienen un fin muy concreto pero también una caducidad muchas veces no justificada; se comienza integrando los componentes hasta reducir los sistemas de control a tamaños inferiores a las yemas de los dedos de un niño, obligándonos a utilizar punteros o estiletes para pulsar teclas (teléfonos móviles o PDA). La información se comprime con sofisticados algoritmos consiguiendo reducir el "peso" de un archivo sin que el ojo u oído humano pueda detectar la enorme pérdida de calidad provocada; no importa, el resultado visible o audible nos "parece" muy aceptable y resulta ser una falsa sensación mientras respetemos unas reglas de uso. Se integran diferentes funciones en un mismo aparato complicando su aprendizaje. Pero lo más preocupante es la aludida caducidad de los equipos electrónicos, no por el propio aparato, sino por el sistema de lectura de la información. Dentro de 30 años no existirá ningún sistema que pueda leer la información contenida en un simple disco de 3,5", sin embargo todo texto escrito en papel y, sobre todo, tallado en piedra será legible y recuperable. Pero esto ya lo comenté hace algún tiempo: Almacenar.
No soy la persona más adecuada para criticar la acumulación de cacharritos tecnológicos, al fin y al cabo soy un "pseudo-geek" que comenzó en esto de la informática hacia el año 1981 con el entrañable Sinclair ZX-81 y continuó actualizándose en cacharritos tecnológicos siempre que la economía lo permitía. Mi amor a las últimas tecnologías lo intento compaginar con mi amor a todo lo sencillo y manual. No pretendo utilizar un ábaco para enterarme de la marcha de mis finanzas, pero si conozco cómo se utiliza; conservo los antiguos discos de vinilo de mi padre, pero prefiero escuchar mi mp3 mientras paseo por el campo; no puedo trabajar sin mi portátil ni dejar de consultar la Web a diario, pero me apasiona leer todo lo que cae en mis manos e intento dibujar algo mejor que mi hijo pequeño. Pero lo más gratificante para mi chica y para mí es observar a nuestros hijos manejando el ordenador para navegar por Internet, escribir un email o jugar a las conquistas y compartir con ellos sueños de futuro cuando juegan con el antiguo Lego de su padre, las gastadas acuarelas de su madre y la enorme imaginación irradiada por sus poros mientras damos buena cuenta de una deliciosa ensalada con cebolletas.