Archive for June, 2005

.Lecturas para un verano.

        Me gusta emplear cosas diferentes en épocas diferentes. El ser humano cambia lo suficiente a lo largo de su existencia como para darse cuenta de la enorme variedad de gustos, preferencias e ideales que es capaz de generar su mente. Al aturdimiento inicial de un bebé al verse inmerso en éste mundo le sigue, sin avisar, la revolución juvenil, el desmadre hormonal adolescente, la aparente "bon vivant" social de los jóvenes, el centrismo político de los maduritos, la presunta elegancia conservadora de los abundantes canosos y las rencillas deportivo/petanqueras de los ancianos. A las mujeres, más adelantadas en todo que la mayoría de los hombres, les ocurre otro tanto, matizado por el tremendo lastre de su condición femenina gracias a los "machitos" de turno. Todo esto para comentar los libros que intentaré leer en éste cálido y largo verano. Como no utilizo la mismo colonia en verano que en invierno, tampoco me apetece leer lo mismo si hace calor o frío. Para mí es algo obvio, en verano los poros los tenemos más abiertos y las sensaciones olfativas se agudizan aún más.

        Si no se interpone algún título nuevo, pienso leer con placer la nueva edición de "El mundo y sus demonios" (Carl Sagan, editorial Planeta), la ciencia como una luz en la oscuridad de la evolución humana. Carl Sagan supo divulgar los hechos científicos como pocos, ofreciendo una visión del mundo que nos rodea quizá algo colorista pero no por ello irreal. "Isidoro, Alfonso X, Llull, sabios cristianos medievales" (Cristina Jular, editorial Nivola), magnífica editorial. La aportación de tres hombres medievales no científicos pero interesados hasta la saciedad en reunir el saber medieval aportado por cristianos, árabes y judíos, buena prueba de tolerancia. "Historia de la ciencia" (Carlos Solís y Manuel Sellés, editorial Espasa), intentaré leer lo que pueda de sus más de 1.150 páginas con gran cantidad de información, muy bien estructurada y documentada, donde alternan personalidades tan dispares como Domingo de Soto o Leonardo da Vinci; será apasionante ver cómo miles de seres humanos han luchado para que ahora podamos, entre muchísimas otras cosas, jugar a los marcianitos… en fin. El último libro versa sobre uno de los seres vivos más admirados por mí, por encima de políticos y artistas, los árboles: "La magia de los árboles" (Ignacio Abella, editorial Integral), ritos, tradiciones, creencias y vivencias en torno a las diferentes especies de árboles. Ex libris scientia.

.Recreatio.

navegante "Art of science", Toda la belleza de la ciencia en unas imágenes muchas de ellas sorprendentes.

"CircusMuseum", carteles antiguos de circo: trapecistas, domadores, payasos, mujeres con bigote, hombres mono, gigantes, magos, algún que otro familiar muy lejano…

"Collect medical antiques", instrumentos médicos y quirúrgicos antiguos.

"Eye of science", más imágenes impresionantes de la naturaleza.

"Proyección de Peters", curiosa y justa manera de representar el mapa del mundo; ¿cómo podemos estar tan engañados?.

.Las edades del hombre.

        El domingo anterior a éste solsticio, aprovechamos las ventajas que tiene madrugar (cómo las que tiene trasnochar) para sentir el fresco aliento de la tierra antes de ser calentada por el dios Sol. Como familia que somos, nos pusimos de acuerdo a la hora de levantar nuestros cuerpos y despertar nuestras mentes. Después de llenar los estómagos y ordenar los pensamientos, llevamos a nuestro hijo mayor al segundo día de competición en el deporte preferido por él: afortunadamente el balonmano. El resto de la familia nos dirigimos al parque, aún vacío, para aprovechar esos instantes de tranquilidad previos al jaleo matutino de una ciudad. Nuestro hijo pequeño estaba exultante de felicidad: ¡todo un parque a su disposición!, columpios, toboganes, balancines y demás máquinas de tortura a su plena disposición. No daba abasto, los dos brazos, las dos piernas le eran insuficientes para tanta diversión. Sin el necesario contacto social con otros niños y niñas, nuestro pequeño hijo imaginaba compañeros de aventuras, invisibles para nuestras cerradas mentes maduras (¿?).  Después de cansar a los columpios y agotar la paciencia de toboganes, decidió jugar a la pelota. Me tocó emular a las estrellas vigentes (duele, de verdad), mientras la luz del sol jugaba con mi chica. Nos quedamos jugando dentro de una pista de petanca vacía de ancianos jugadores, así la pelota no podía irse muy lejos, mejor… Con sus casi tres años, disfrutó del partido como lo que es: un enano, y mi chica y yo disfrutamos de él como lo que somos: sus padres.

        En un momento del duro enfrentamiento deportivo mi vista se detuvo, por un instante, en la figura de un anciano en lo alto de un verde terraplén. El viejo sentaba la mitad de su cuerpo en el respaldo de un banco y apoyaba la otra mitad en un bastón tan cansado como su dueño. Me percaté que nos observaba, a mi hijo pequeño y a mí. Al principio pensé que mi forma de "tocar" la pelota no podía ser tan mala, uno hace lo que puede. Le seguí observando de reojo y él a nosotros, inmutable, gesto tranquilo, ojos algo tristes, su vida ralentizada por la edad, ajeno a los problemas, con rebosante experiencia, y solo, tremendamente solo en el parque. Entonces comprendí, quizá, los pensamientos que discurrían por la mente de aquel hombre. Ante su mirada, en aquél parque, tres edades del hombre, del ser humano, se daban cita. Una recién brotada, otra recién aprendida y la suya apagándose. Seguí pensando en la facilidad de los seres humanos para desaprovechar esos momentos dulces como la miel que la vida nos proporciona en multitud de ocasiones.

        No sé cual ha sido la trayectoria vital de aquél anciano; el caso es que ha llegado a eso mismo, a la última curva de una vida, creo yo, no muy cómoda. Y yo en la teórica línea media jugando con uno de mis hijos y azuzándome pensamientos sobre el mundo que les vamos a dejar en herencia. Al cabo de muchos minutos de alegría jugando con mi hijo, mis agujetas me aconsejaron convencerle de las virtudes de los columpios; accedió encantado, bieeeeen. El anciano continuaba allí, observando el río de la vida y, quizá, recordando cada una de las edades ya transitadas por él. Cuando el calor nos empezó a abrir los poros de la piel, decidimos irnos a casa, continuar con nuestra vida, quizá no espectacular, nada especial, sin alardes ni alharacas, pero vida al fin, llena de momentos plenos, esquivos pero intensos, de tristezas compartidas pero fugaces. El fuerte abrazo de mi hijo mayor, el tierno beso del pequeño, la bellísima sonrisa de mi chica y el dolor de unas agujetas bien empleadas.

.Recreatio.

navegante "Modern Ruins", Arqueología de las ciudades modernas, la belleza de lo abandonado.

"Gigapxl Project", cámaras digitales de altísima resolución, espectaculares fotografías.

"Levitated", otro ejemplo de conjunción entre programas e imaginación.

"Entrances to hell", eso mismo, las auténticas entradas al infierno…

"The 100 oldest .com domains", como curiosidad el primer dominio genérico registrado (.com) data del año 1985; ¿qué estabas haciendo tu ese mismo año?.

.La luz de la razón.

luz         Hace unas pocas noches estuve escuchando una entrevista a Vicente Ferrer, religioso, jesuita, ser humano en toda su magnificencia. Aturde algo contemplar su poco común aspecto físico, más cercano a los pobres de las esquinas que a un ser excepcional: delgado, enjuto, áspero, sencillo en el vestir pero con un estilo propio conseguido a base de no traicionar sus creencias ni aparentar formas ajenas. También, si no se le ha escuchado anteriormente, confunde un poco su forma de hablar tan sencilla, sin alardes verbales, cargado de inocentes ideas y utópicos proyectos. Pero no es así, al cabo de los iniciales minutos de pensamientos algo desconfiados, uno entra, mejor, se inunda de la inmensa humanidad y sentido común que Vicente Ferrer exhala. Agarrado a lo que el llama la "luz de la razón" ha conseguido aquello que, como especie humana, nos debería obligar nuestra conciencia desde el nacimiento y nuestros padres desde el sentido común: darse cuenta que existen seres humanos sentenciados desde su nacimiento.

        Esa "luz de la razón" es el norte que guía todos sus actos, por encima de creencias religiosas o políticas, por delante de subjetivas prioridades o innecesarios caprichos; la razón como faro en la inmensa oscuridad que, paradójicamente, ofrece una noche estrellada. Quizá la primera reacción sea calificar de utopía todas y cada una de las ideas de éste hombre (nunca se acabarán las guerras, siempre habrá pobres, la injusticia es consustancial al hombre, los abismos entre clases serán mayores, etc.) pero ante éste desolador futuro existe la inmensa fuerza de ese "equipo B" al que Ferrer se refería describiendo a las personas normales que no ocupan esferas de poder, dinero o decisiones pero poseen el potencial de cambiar el "status quo" si cumplen unas sencillas reglas: no conformarse con éste mundo, no quedarse quietos ante la injusticia o el sufrimiento, movilizar los músculos y las neuronas en beneficio de los necesitados, agitar los cómodos asientos de los poderosos para recordarles la lujosa pero precaria soledad en la que habitan.

        A muchos, todo esto les parece demagogia y empacho de buenas e irrealizables ideas pero ¿cuántos han colaborado en un país del tercer mundo?, seguro que ninguno. Escuchando las palabras de un hombre como Vicente Ferrer, las estupideces que uno está acostumbrado a oír de las recuas en que se han convertido los partidos políticos y los dioses del dinero, la fama o el poder, me dan la razón cuando pienso que aún existe una esperanza hermana de la luz en la oscuridad a la que Ferrer se refería como la luz de una razón que debemos aplicar antes del seguro inventario del final de nuestras vidas.

        En ecología se definió hace ya unos cuantos años el concepto de desarrollo sostenible, indicando el equilibrio entre la salud de la naturaleza y el "necesario" e "imprescindible" desarrollo industrial y tecnológico de las sociedades (casi todas occidentales); es una forma muy diplomática de consentir sin estropear demasiado; en definitiva se sigue dañando con unas reglas impuestas. Ahora me parece que se ha creado, sin saberlo, el concepto de "solidaridad sostenible" dónde, preservando a una distancia segura las necesidades sanitarias y alimenticias mínimas del tercer mundo, podamos mantener nuestro "estado del bienestar". Es decir, seguirá existiendo el hambre, la enfermedad, la injusticia sobre gran parte de nuestra humanidad y, lo que es peor, es necesario mantener "vivo" un tercer mundo. Triste.

        Vicente Ferrer es una de tantas cabezas visibles del verdadero sentido vital del ser humano: la empatía con sus semejantes. Existen multitud de mujeres y hombres sacrificando su valioso tiempo en labores humanitarias. Si creemos que casi todo está ya perdido o, al menos, es muy difícil conseguirlo, entonces la utopía habrá vencido. No quiero esto para mis hijos. Yo aún sigo viendo esa lejana pero intensa luz en el corazón de la oscuridad humana.