Archive for July, 2003
.Conciencia.
Temor o esperanza. La inmensa red de proporciones fractales en que se está convirtiendo Internet me plantea una pregunta no demasiado tonta. Durante cada segundo de un día cualquiera hay un número muy elevado de ordenadores conectados entre sí: unos proporcionando información, otros demandándola; cada vez más ordenadores (usuarios) se apuntan a la "computación distribuida"; existen multitud de programas circulando de manera autónoma por la red (spybots), recabando información, espiando, rompiendo la seguridad de los sistemas; la capacidad de procesamiento, entendida como velocidad en el manejo de datos y optimización de procesos, se duplica casi cada 500 días al aparecer nuevos modelos de cpu; el potencial de almacenamiento en soportes magnéticos u ópticos se incrementa de forma considerable año tras año; la automatización de procesos en red se extiende a parcelas tan diversas como puedan ser el control telemétrico del número de olivos en Andalucía, la coordinación instantánea de las rutas de vuelo de miles de aviones, el respaldo virtual de operaciones financieras o la petición de documentos oficiales de carácter personal.
Mi pregunta es: ¿la RED tomará CONCIENCIA de sí misma como un ente con capacidad de aprender, evolucionar y controlarse?. La complejidad del pensamiento humano se basa en una evolución cerebral de cientos de miles de años y uno de los pilares básicos lo constituye el número de neuronas o, con más propiedad, el número de conexiones entre ellas y la especialización zonal.
La red ofrece un inmenso campo de interacción con un grado de libertad muy elevado: sólo hay que respetar unos protocolos sencillos y anticuados para subir o bajar información. El temor a un gobierno en Internet provocaría un germen de control y orden que llevaría a plantearse la propia esencia de la comunicación. La misma libertad que ofrece Internet puede impedir que algún día nos convirtamos en 10-1100-01001001-0010011100100100- 01001010010100110011010001000110…
Os recomiendo visitar CyberGeography para comprobar la enorme complejidad de Internet con unos mapas y gráficos increíbles. Y en Computación Distribuida se puede participar en proyectos interesantes para emplear el tiempo vacio del ordenador en cosas útiles.
.La Belleza.
Desde la primera vez que mis ojos vieron los suyos, comprendí el sentido de la palabra belleza. Me refiero al busto en terracota de Nefertiti (Nefer-Nefru-Atón-Nefertiti, la-bella-ha-venido), esposa de Amenotep IV, llamado Akhenatón, faraón hereje… y con mucha suerte. Las curvas trazadas por el artista Tutmés evocan las suaves dunas del desierto azotado felizmente por los vientos secos, las obedientes ondas que acuerdan formar los nenúfares y el agua del rio Nilo cuando se acarician, los pensamientos agitados por los aromas de los perfumes y esencias evaporadas al calor de la noche. Si modernas son las facciones de esta reina, no lo es menos su maquillaje, sus labios delicadamente pintados, su infinito cuello, el terso y tenso cutis, la tranquila pero inquietante mirada, la altiva nariz desafiante. La Bruja, "die Hexe", llaman los arqueólogos clásicos del Museo de Berlín a esta escultura, porque a nadie deja indiferente; si no sientes un ligero rubor, escalofrío o inquietud al contemplar este rostro, visita cuanto antes al médico.
Después de ésta apasionada pero sincera descripción, leo con sorpresa el posible, sólo posible, descubrimiento de la momia de Nefertiti en la tumba KV35 del Valle de los Reyes por parte de la arqueóloga americana Joan Fletcher (podéis obtener una fabulosa información en The Theban mapping project ). Al contemplar la calva, ajada, seca, horrible momia (¿existe alguna momia agradable?) no puedo por menos que intentar distraer la mente, creer en la inmunidad de la belleza, su eternidad e inmortalidad. Pero no, todo lo material, lo palpable, es caduco y efímero en nuestra existencia; nos despedimos de la vida ocultando entre madera, metal o fuego el rostro tétrico de la muerte prendida en nuestra materia. Sólo las mejores cualidades humanas, aquéllas no tocables pero sí sensibles, que influyen en los demás, se perpetúan, al heredarlas la humanidad. Seamos generosos, la belleza de Nefertiti se sublima en mis recuerdos al querer buscarla entre el resto de mujeres que día a día contemplo y encontrarla por fin en mi compañera, en mi chica.