Archive for the ‘El vuelo de la mente’ Category
.Think Tank.
Chatroulette es una web rusa basada en un sistema de videoconferencia aleatoria; los participantes entablan conversaciones con personas anónimas al azar. Muchas empresas emplean ésta polémica iniciativa para publicitar todo tipo de productos, como los productores de la película “The last exorcism”; es genial ver la cara de algunos. No soy aficionado al Facebook, casi no lo utilizo; tiene una importante ventaja: encontrar gente; pero cada uno de los usuarios diarios que dedican mucho tiempo no solo a comunicarse, debería leerse el librito de Juan Faerman titulado “Faceboom” y decidir si seguir adelante… por si alguno desea darse de baja, los de NeoTeo nos echan una mano. La NASA ha decidido prolongar un viaje más los vuelos del Transbordador Atlantis, magnífico vector de la serie de transbordadores que han impulsado (a pesar de sus dos trágicos accidentes) la construcción de la primera base espacial de la humanidad, la ISS. “Futurama” es una sensacional serie que no ha tenido el éxito de “Los Simpson”, pero que considero una de las series favoritas de todo geek. El guionista es Ken Keeler (quien además tiene un PhD en Matemática), y según Geekosystem (copio), “en el episodio 10 de la sexta temporada, el Profesor y Amy utilizan un dispositivo para intercambiar cerebros pero descubren que los mismos dos cuerpos no pueden hacer el intercambio dos veces entre sí, por lo que deben encontrar la manera de comprobar que, con las suficientes personas participando del intercambio cada uno terminará (eventualmente) con su propio cerebro”. Keller encontró la respuesta al problema utilizando la Teoría de grupos y anunció su descubrimiento a la Sociedad Americana de Física, que comprobó la validez del mismo; genial utilización del comic en favor del progreso científico.
·
.Think Tank.
Me entero que la edición del Playboy para el iPad no llevará desnudos… los de Apple tan castos… es igual, no pienso comprarme ese tablet tan poco evolucionado. Gracias a los poderosos procesadores Intel Xeon se ha conseguido alcanzar la cifra de 5 billones de decimales del número pi; no sirve para nada, operando con diez dígitos decimales significativos se obtienen precisiones altísimas; los de Wolfram MathWorld tienen una extraordinaria recopilación de fórmulas generatrices. Han conseguido hallar el “número de Dios” del cubo de Rubik; resulta que éste magnífico juego-puzzle se puede resolver con un algoritmo en tan sólo 20 movimientos; se acabaron los interminables días de entretenimiento y cabreo. En la Universidad de Texas, David M. Hillis, Derrick Zwickl y Robin Gutell, diseñaron un hermoso árbol de la vida secuenciando una pequeña parte del rRNA de 3.000 especies; os aconsejo descargarlo en HR pdf; los tatuajes y demás representaciones son geniales. Inquietante, por inexplicable de momento, es la foto del pasado lunes de APOD; no se sabe qué ilumina la nebulosa IRAS 05437+2502 y qué es exactamente la forma piramidal tan definida en la parte superior; mola imaginarse viajando a través de esa inmensa zona llena de procesos estelares aún desconocidos. La ciencia de la Mula Francis es una extraordinaria web sobre temas científicos de altísimo nivel; la mayoría de los artículos son muy complejos de entender pero se puede sacar información valiosa; yo intento seguirla desde hace un año; en el post sobre el ranking mundial de universidades no se espera que subamos de posición; es muy triste que España no tenga una sola institución entre las 100 primeras del mundo más cuando la Universidad de Palencia (Primera Universidad de España en 1218, ya desaparecida), la Universidad de Salamanca y la Universidad de Alcalá de Henares han tenido tiempo para alcanzar un “status” elevado; siempre hemos errado en dónde invertir…
Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
·
.Abierto por vacaciones.
Me voy de vacaciones unos días; me lo merezco, lo necesito. Pero mi blog no cierra nunca porque vacaciones significa “no trabajar en tu puesto de trabajo”. Sé que a la vuelta toooooodo seguirá igual, en política, en convivencia, en cotilleos. Solo espero que la evolución natural haga bien su trabajo y descarte a todos los individuos que no aportan nada a la sociedad, por malos, por inútiles, por insolidarios, por corruptos, etc… Hala, ya lo he dicho.
Me espera el mar, la mar, el mar, ¡sólo la mar! (es de Alberti, por si alguno no lo sabe aún)… y sol, mojitos, cervecitas, gambitas, pizzas, siesta, gelatos, olas, tablas, bici, monumentos antiguos, monumentos con bikini, libros, pan amb tomaquet, mini-golf, disco chill out, cine, piscina de noche, algo de trekking, enseñar a mis hijos las estrellas, ver amanecer, levantarme con resaca, no pensar, escribir y conversar cara a cara (no facebook to facebook), mola más.
·
.No barro, no plumas, no bichos.
Richard Louv escribió un curioso libro aún no traducido al español que describe por vez primera un síndrome específico que alerta sobre la sobreprotección de los niños y las niñas frente al medio natural: el “síndrome de déficit de naturaleza”.
Según Louv, “el reemplazo de praderas, bosques y pantanos por manipulados céspedes, campos de golf y urbanizaciones ha apartado a los niños del mundo natural, creando situaciones tan inverosímiles como la que explica un estudio realizado en Inglaterra en 2002, el cual reflejaba que los niños de 8 años podían identificar más fácilmente a los personajes de Pokemon que, por ejemplo, a un escarabajo, una nutria o un álamo”; añado que conozco a pocos padres que puedan hacer lo mismo.
Esta faceta del comportamiento social se enraíza exclusivamente en las sociedades tecnológicas occidentales (y en algunas sociedades asiáticas) que se soportan en ciudades afectando a todos los niños y niñas de familias acomodadas ( o por lo menos con problemas irrisorios desde la perspectiva del tercer mundo).
Vivo en una ciudad de 90.000 habitantes fijos, con un porcentaje de zonas verdes (parques, pequeños bosques, zonas ajardinadas, etc.) alto respecto a otras ciudades similares. Pero de un tiempo a esta parte, observo cambios en esos entornos naturales, cambios curiosos unas veces y preocupantes otras. La arena en los parques está desapareciendo, la tierra de los alcorques se cubre con un soporte sintético blando parecido a un aglomerado de piedrecillas de goma (imagino que es totalmente permeable), se incrementa el uso de mobiliario urbano hecho de resinas sintéticas o plásticos de varios tipos, los parques infantiles intentan incrementar la seguridad instalándose elementos absurdos para el juego de los niños, en muchas medianas urbanizadas y pequeños espacios que sirven de separación se coloca césped artificial…
Estas actuaciones resultan un contrasentido cuando se intenta, por otra parte, plantar especies autóctonas, se extiende el riego por goteo controlado o se educa “medioambientalmente” a las personas.
Mientras, los padres incrementan su ofensiva protectora hacia la presunta “seguridad” de sus hijos frente a los continuos peligros que les acechan en la naturaleza, es decir:
…no te subas al árbol, cuidado con la alambrada, quítate el barro de las manos, no toques esa planta, no corras porque te puedes caer al suelo, no te acerques a ese perro y/o cordero y/o vaca y/o caballo, cuidado con las piedras, no cojas la pluma que tiene piojos, no te metas ese palito en la boca, ¡qué llevas en la mano, cochino! (una simple hoja), ¡de dónde has sacado esa porquería! (una lombriz)…
El contacto con la realidad natural, coloquialmente LA NATURALEZA, es esencial y debería
ser obligatorio. La experiencia que adquieren los niños (siempre hablo en el ámbito de ciudades prósperas) es aprendida formalmente en los libros de texto o en extraordinarios soportes multimedia. Pero el contacto físico a través de los sentidos con la naturaleza, se restringe de una forma casi obsesiva en loor de las ventajas de vivir en las ciudades, de vivir protegidos de la interacción que pueda ejercer la naturaleza con nosotros.
Incluso cuando los niños se desplazan con sus padres a pasar unas “herrrrrrmosas” jornadas de turismo rural, éste se encuentra tan manipulado que el entorno se convierte en un enorme decorado “rural art” falso, sin la pátina del tiempo, sin el olor de la experiencia y sin alicientes reales que diferencien dos mundos totalmente diferentes: el campo y la ciudad. Casas rurales domesticadas por enormes reformas e interiores de foto de revista dominical, decorados dispuestos a representar la paz y el sosiego del mundo rural pero más falsos que las vigas de policarbonato de muchas habitaciones “rurales”, estancias convertidas en templos tecnológicos dónde se puede permanecer totalmente conectado al mundo, en fin, falsas sensaciones que, quizá, los lugareños escenifiquen por el necesario “cash flow”. Pero da igual, lo importante es formar parte de esa representación, de ese precario “teatro del mundo”, caro en dinero y escaso en sabiduría popular, más propio de una compañía teatral.
El libro de Louv incide en la necesidad innata de los niños para desarrollar sus sentidos de aprendizaje y creatividad a través de experiencias con el entorno natural, esto es, el campo, el mar, la montaña, las praderas, los valles, los setos, las dehesas, los páramos, los desiertos y todas las formaciones que componen estos escenarios naturales. Expertos en educación y psicología infantil coinciden en los beneficios para los niños que juegan en entornos naturales: son más propensos a crear sus propios juegos, a mostrar mayor cooperación y a adquirir mayor seguridad en su autoestima que aquellos que juegan en escenarios artificiales o en escenarios donde el “riesgo” se minimiza o anula completamente. En los ambientes controlados no hay verdadera experimentación, cualidad esencial para un amplio desarrollo del cerebro.
Lo más triste de todo ello es la clara tendencia de la sociedad hacia ciudades con entornos naturales fielmente representados en enormes complejos o centros comerciales; ya comenté algo sobre este aspecto en la entrada “Los nuevos barrios”. Todo llega. ¿quien me iba a decir cuando yo era un imberbe chaval que a día de hoy muchos niños que conozco se limpiarían el culo con toallitas húmedas…? ¡¡¡WTF!!!.
No desearía que mis nietos acabasen tan ignorantes de la naturaleza como en un chiste que me contaron en una ocasión:
¿sabes cual es el único animal que da 500 vueltas y no se marea…? solución
.Pavor, terror, horror.
Yo creía que el orden correcto en intensidad creciente de miedo ante
una situación era horror, terror y pavor, pero resulta que es al contrario.
El cine se ha caracterizado por ofrecer un variado e imaginativo abanico de situaciones que provoquen algún tipo de las anteriores angustias vitales. Y dentro de los diferentes apartados que rodean a la realización y producción de una película, uno fundamental es la creación de efectivos carteles promocionales. De todas las películas de pavor/terror/horror y sus secuelas, creo que merece un primer puesto dentro del diseño explícitamente efectivo los carteles
de la saga “Saw”.
“Saw” constituye un salto no hacia adelante dentro de la delgada línea del cine de terror si no un salto hacia un camino
paralelo e inquietante, obsesivo y provocador. Las sucesivas entregas de la serie parecen no defraudar a los millones de seguidores: trama compleja y elaborada, suspense en estado puro donde se plantean situaciones límite que al común de los mortales le supondrían un casi irresoluble dilema sino fuera porque la vida está en juego. Desde luego a uno le tiene que gustar mucho éste tipo de género cinematográfico.
Pero yo solo quiero referirme a los carteles, escuetos en contenido y color, pero con una maquetación excelente donde se resaltan los detalles mínimos que pueden producirnos una inquietud máxima, un inmediato
impacto visual. Puede que a muchas personas les moleste, como mínimo, la sola visión del universo simbólico que representan las imágenes de estos carteles pero debemos desvincular la aversión natural que producen las imágenes “atrezzadas” de las películas aludidas del hecho en sí que representan.
El horror que suponen determinados actos humanos (tortura, asesinato, masacre) nos obliga siempre a una huida
hacia adelante para escapar de los monstruos que pueda generar nuestra mente pero, en esencia, esos actos conviven no muy lejos de nosotros, quizá unos metros más allá de nuestras cuevas protectoras: en la casa de un vecino amable adorador de niños desnudos, en aquella funcionaria discreta transformada en viuda negra, en el regordete carnicero de nuestro mercado amante de la sangre ajena en los juegos de rol, en un grupo de imberbes pijos dispuestos a quemar carne humana, en aquel matrimonio tan bien avenido que enjaula a su hija porque “no es como las demás”, en aquel padre que utiliza el cuerpo de su bebé como improvisado cenicero aludiendo “consumo habitual”, etc., etc., etc.
Frente al horror, contra el terror, no vale el cómodo refrán “ojos que no ven, corazón que no siente”.